Viajes

A Paris se puede ir en tren

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Habiéndome robado el albedrío
un amor tan infausto como mío,
ya recobrada la quietud y el seso,
volvía de París en tren expreso.

Y cuando estaba ajeno de cuidado,
como un pobre viajero fatigado,
para pasar bien cómoda la noche,
muellemente acostado,
al arrancar el tren, subió a mi coche,
seguida de una anciana,
una joven hermosa,
alta, rubia, delgada y muy graciosa…

Este es el comienzo de un bonito poema de Ramón de Campoamor, que se titula “El tren expreso” y por no se qué suerte de alquimia se reproduce en mi cabeza cada vez que pienso en Paris, y quizá por ese motivo se me ocurre que viajar por Europa en tren debe ser algo muy romántico y aventurero aunque yo me preparo a viajar ciertamente en mejores condiciones que el protagonista del poema.

Me encantan los viajes en tren, será seguramente porque al no tener tren en mi ciudad, me imaginé mil veces, mil aventuras que comenzaban o finalizaban con un viaje en tren, así es que cada vez que puedo me subo a un tren.

Esa cadencia, ese serpentear, ese mirar por la ventanilla mientras el paisaje se ondula y se despliega ante tus ojos, surte en mi un efecto inspirador…A veces soy una princesa a lomos de un dragón ondulante y escamoso, suave y mullido, pero fuerte y rápido que es mi compañero de batalla… Otras soy como la francesa del poema, pero menos graciosa, y también menos atribulada…

El caso es que nos subimos a un tren que nos llevaba desde Bruselas a Paris en un trayecto muy corto y muy rápido, que te deja en la Gare du Nord, en un extremo de París en un día primaveral aunque estábamos en Agosto, porque en Paris muy pocas veces hace mucho calor…